Mi amor,
Hoy se cumple un mes desde que empezamos esto, y hoy también es uno de esos días poco comunes en los que no hay distancia entre nosotros. Por eso quise que esto no fuera un mensaje más en una pantalla, sino algo que pudieras tener, leer despacio y guardar, para los días en que sí estemos lejos.
Llevo un rato pensando cómo empezar esta carta, y la verdad es que no encontré una sola forma, porque este mes tampoco fue una sola cosa. Fue muchas cosas al mismo tiempo. Fue reírnos por tonterías que ni siquiera podría explicarte bien. Fue días completamente felices, de esos donde hablar contigo se sentía como el mejor momento del día sin que pasara nada en especial. Pero también fue miedo, y fue una noche que no quiero pretender que no pasó.
Esa noche discutimos por algo que, visto desde ahora, era pequeño. Pero en el momento no se sintió pequeño. Se sintió pesado, incómodo, y por primera vez sentí que algo entre nosotros podía romperse. No te voy a mentir: esa noche me dio miedo. Pero elegimos dejarlo por la paz en el momento, hablarlo despues. Y si tengo que decirte qué es lo que más valoro de este mes, es justamente eso: que ninguno de los dos eligió el camino fácil de ignorarlo. Prefiero mil veces un amor que se trabaja a uno que solo se ve bonito de lejos.
Hay algo que me dijiste, no en esa noche sino en otra completamente distinta, que no se me ha ido de la cabeza ni un solo día desde entonces: que me amas más que a nada en el mundo, y que soy el amor de tu vida. Cuando lo dijiste no supe ni qué responder. Me quedé ahí, en silencio, tratando de procesar que alguien pudiera sentir eso por mí. Y quiero decírtelo otra vez, ahora con tiempo: es exactamente así como yo también te siento a ti. No como una frase bonita que se dice, sino como algo que pienso todos los días, incluso los días en que no te lo digo.
Sé que a veces te preguntas cosas. Sobre nosotros, sobre cómo te ves, sobre si haces bien las cosas. Y quiero ser honesto contigo en esto también: no necesitas estar arreglada, ni verte de una forma específica, ni tener el día perfecto para que yo te vea hermosa. Tu belleza para mí nunca dependió de tu apariencia, sino de quién eres. De cómo piensas, de cómo te preocupas por las personas que quieres, de cómo incluso en tus días difíciles sigues siendo alguien excepcional.
Si algo he aprendido de mí mismo este mes, es que te quiero de una forma que se nota más en los detalles que en los grandes gestos. Trato de recordar lo que me cuentas, lo que te gusta, lo que te preocupa, no porque tenga que hacerlo, sino porque de verdad me importa. Y aunque a veces dudo si estoy haciendo las cosas bien, sigo intentándolo cada día. No porque sea perfecto en esto, sino porque tú lo vales.
Sé también que la distancia no es fácil. Hay días en los que quisiera simplemente estar ahí, sin razón, solo para verte, y no poder hacerlo pesa. Pero he aprendido algo este mes: la distancia no ha logrado que un solo día contigo se sienta lejano. Seguimos ahí, presentes el uno para el otro, aunque sea a través de una pantalla la mayoría de las veces. Y hoy, que sí podemos estar cerca, no quiero dar por sentado ni un solo minuto de esto.
No sé cómo será el segundo mes, ni el tercero, ni todos los que sigan. No sé si vendrán más noches difíciles, aunque probablemente sí, porque así es esto de querer a alguien de verdad. Pero de lo que sí estoy seguro es de que quiero seguir eligiéndote, un mes tras otro, distancia de por medio o no. Y que cada vez que estemos juntos, aunque sea un solo día como hoy, quiero que sientas que ese es tu lugar. Que conmigo, siempre vas a sentir que estás en casa.
Feliz primer mes, mi amor. Gracias por elegir quedarte esa noche difícil en lugar de irte. Gracias por decirme lo que sientes sin miedo, aunque no siempre sea fácil. Gracias por seguir aquí, incluso cuando la distancia hace todo un poco más complicado. Y gracias por ser, en cada sentido, exactamente la persona que quiero seguir conociendo, hoy y todos los meses que sigan.
Que vengan muchos más.
Con todo mi cariño,
Adri.